
Fue a comienzos del año 2000 cuando Ramón me invitó a navegar por primera vez a Puerto Montt, fue un Bavaria 38 la embarcación que tripulamos en primera instancia, el Yali I, un yate oceánico construido ese mismo año en los astilleros alemanes de Bavaria Yatchs. Mi escasa experiencia solo alcanzaba a embarcaciones menores, veleros muy pequeños que se desplazan en lagos y lagunas. Era una aventura más tal como lo fuera los raids en bicicleta a la montañas, y la montaña misma junto a un grupo de runners. El contacto con la naturaleza, el mar y los cielos que solo se ven en Chiloé cautivo mi atención que posteriormente pasó a ser pasión.
A mediados de año Ramón propuso correr la Regata de Chiloé en el verano, nos prepararíamos un fin de semana al mes conociendo el bote y aprendiendo maniobras, instrumentos y otras tantas herramientas que forman parte del arte de navegar. Así, después de 5 o 6 fines de semana nos embarcamos en una aventura que sería el inicio de una larga y encantadora historia que evoluciona en ocho años a ganar el campeonato nacional de yates oceánicos de la clase Blanca, la más rápida y exigente de nuestro medio.
En todo este tiempo transcurrido, hemos incorporado una enorme experiencia a nuestras vidas, enriqueciendo nuestro espíritu, con el viento y el mar como escenario, paisajes que son un regalo para el alma y entornos que nos han consternado con cierta frecuencia.
La receta no es distinta a la que hemos empleado para lograr nuestras mejores marcas en maratones, un programa bien estructurado que constituya una planificación acertada para nuestra realidad, entrenamiento metódico y sistemático, análisis de tiempos, circunstancias y resultados. Mucha persistencia, humildad para aprender de los fracasos, espíritu de superación de los mismos, más persistencia en seguir lo que creemos es el camino correcto; corrección de desviaciones del plan, competir, una y otra vez enfrentando el mar, las corrientes, los vientos y también a leales competidores.
Tiempo atrás escribí un editorial en esta revista, “ Runners Navegando – individualista trabajando en equipo “ donde hacía un paralelo entre la regata competitiva y la maratón, destacando que durante muchas temporadas estuvimos condenados a un quinto o sexto lugar en las competencias, las miradas post resultados eran evidentes entre quienes hicimos muchas maratones y carreras juntos; el capitán del Yali hacía el recuento de una buena o mala partida, desempeño y performance del Yate y su tripulación, de los errores, de la inexperiencia y falta de pericia ...Runner... dice, no hay secretos en la competencia, son los mismos factores, la velocidad de casco nos condena. Ramón que abre sus ojos moviendo levemente la cabeza de arriba abajo asintiendo con una conformidad plácida que el resto de la tripulación interpreta como la extraña sabiduría de quienes corremos maratones desde comienzos de los 90.
Navegábamos en familia, acompañados por Diego, Magdalena, Josefina Eluchans, y sus dos primas Javiera y Bernardita Errázuriz; algunos de sus amigos tan jóvenes como ellos, y siempre algún experto generoso en sus conocimientos y de quien aprendimos los secretos y detalles de los viejos lobos de mar que más de alguna vez vencieron las olas y sabían escuchar, ser amigos y aprovechar el todopoderoso viento.
De la misma manera que el Runner talentoso supera sus límites generando virtuosidad en su actuar, el trabajo en equipo consistente y disciplinado de una tripulación cohesionada, entusiasta y esforzada, lleva a la embarcación a superar los límites naturales de su velocidad de casco. El viento y condiciones de oleaje y corrientes es igual para todos, la sabiduría y madurez del marino que navega desde niño, que pinta el viento pues lo ve con claridad donde nosotros no lo vemos, logra una pequeña diferencia que en su suma constituye el triunfo en una regata. Decidir si izar una vela u otra entre las 4 o 5 alternativas, será también otro factor determinante de diferencia, virar ahora o más allá enfrentando el viento en diagonal, lograr una combinación de tamaño de vela, viraje oportuno y cambios acertados permiten lograr una modalidad de mejoramiento de velocidad en relación al punto de llegada.
Ocho años compitiendo no han sido en vano, así como un corredor se forma recién en cuatro años, una tripulación efectiva ya se comenzó a vislumbrar en el verano del 2007 cuando obtuvimos el campeonato de 12 regatas en el Norte del país, y el segundo lugar en la temporada recién pasada.
En esa misma editorial señalaba que cada regata era tan dura como nuestras maratones, en la llegada la reflexión interna es la misma, no corro nunca más, solía decir, el frío, ropas enteramente mojadas, mareado, golpeado y moreteado en canillas, antebrazos y codos en los cambios de borda y maniobras sobre una cubierta resbaladiza. Sin embargo al igual que en el running, al día siguiente ya estamos nuevamente a bordo listos para enfrentar otro nuevo desafío, sabiendo que correríamos al límite del umbral.
La temporada 2007-2008 estuvo bien planificada, teníamos la embarcación adecuada y competitiva a la altura de los mejores botes del campeonato. Se había perfeccionado el instrumental y otros muchos elementos que constituyen factores esenciales en el buen rendimiento del Yali II, un buen auspiciador ayudó a sustentar costos que en este deporte no son menores. Se incorporaron tripulantes claves, que independiente de enseñarnos, pues jamás se termina de aprender, constituyeron un grato y cohesionado equipo de trabajo que buscó hacer todo bien bajo el predicamento del mejor esfuerzo de cada uno y por ende del grupo como tal. Esta temporada el Yali II es reconocido y corre bajo las marcas de su auspiciador, Yate Movistar Nokia, y a una fecha de terminar la temporada, ya logró el primer lugar adjudicándose el campeonato nacional en un medio exigente y competitivo.
Ramón es un excelente líder que planifica de manera inteligente, crea un espacio y ambiente grato donde cada tripulante desarrolla sus mejores condiciones y talentos, no deja nada al azar pues al igual que las maratones, no hay lugar para improvisar, a ello sin duda debo agregar, el espíritu del runner, donde emana el verdadero ser que vence cualquier adversidad, en el mar, en la pista, en la vida. Buscamos lograr una buena llegada, disfrutando el camino intensamente, tomando conciencia de nuestra velocidad de casco y nuestros talentos, de poder ser virtuosos a través del esfuerzo humilde, metódico y sistemático. Renunciando a la individualidad solitaria para constituirnos en un equipo que funcione como uno, apreciando la naturaleza y el lugar donde corremos, la montaña, el mar y el viento que es nuestro amigo. Haber corrido por solo el afán de hacerlo nos ha dado acceso a esa sabiduría que la joven tripulación del Yali interpretaba como divertida y extraña, pero que definitivamente ya han adoptado.
En lo personal puedo dar testimonio de haber recibido un regalo, la oportunidad de participar de este grupo de navegantes, de haber vencido el mareo, de haberme acercado a la amistad del mar y el viento, de haber observado desde la borda la nobleza de mis compañeros y amigos tripulantes, observado también y recibido la generosidad de quien enseña y del oficio de los que saben, en una tarea encantadora que al igual que el correr, nos exige fuerza, carácter, decisión, audacia, conocimiento de lo que estamos haciendo, afán de logro, desafío y confianza en nosotros mismos en la convicción de terminar bien lo que comenzamos, y de disfrutar de los resultados como consecuencia de la tarea bien hecha.
Que a la tripulación del Yali II, Movistar Nokia nos acompañe siempre un viento largo.