jueves, 14 de octubre de 2010

Correr en el Bicentenario


Durante el mes de septiembre celebramos el bicentenario de Chile, el país completo participó de las fiestas y actos organizados para conmemorar los 200 años de nuestra independencia, por un mes las diferencias que cotidianamente nos des-unen, pasaron a un segundo plano olvidadas por la alegría de celebrar en un país que ha sido de todos, lo que no hemos percibido pues la historia de nuestro pueblo está caracterizada por luchas internas, ostentamos una de las guerras más extensas de la humanidad, la araucanía y trescientos cincuenta años que aún podrían continuar, las diferencias irreconciliables entre los Padres de la Patria, diferencias con nuestros vecinos, diferencias políticas internas que son exacerbadas y que muchos de nosotros vivimos intensamente hace 40 años atrás. Somos una sociedad que en tiempos de paz vive en pugna permanente, unidos solo en las tragedias y desgracias, y en muy pocas oportunidades en el júbilo de algún triunfo, una alegría que desborda a tal extremos que nos transformamos en vándalos, explicado solo por nuestro permanente e imperceptible estado de mutuas desconfianzas y discrepacias hostiles históricas, lo que los chilenos hemos vivido como un entorno normal.

El Bicentenario ha dado espacio para abrir una ventana a la aceptación y la tolerancia, a aceptar la diversidad, todo ello superado y olvidado temporalmente en la alegría de conmemorar 200 años de vida independiente.

Los Runners, en nuestra rutina competitiva tenemos abierto tal espacio, pues entendemos la verdadera competencia más con nosotros mismos que con el resto, aceptando y acogiendo a nuestro competidor como otro de los nuestros, amante de la misma afición, si bien en el calor de la batalla de una carrera aparece el runner competitivo como una realidad indesmentible, está investida de una gran nobleza pues pasada la meta renace con toda la fuerza del corazón esa amistad y respeto por lo que hizo y de su llegada, antes o inmediatamente después de nosotros.

Como quisiéramos extrapolar la dinámica del runner a nuestra sociedad entera, cómo avanzaríamos en términos de progreso y solidaridad inteligente para potenciarnos en función de la superación del otro, como trabajaríamos en equipo, con persistencia, perseverancia y solidaridad, sin por ello renunciar a la competitividad sana y noble cuyo progreso y frutos se comparten. Cómo distinguiríamos entre lo urgente y lo importante, priorizando aquellos elementos que trascienden en la vida, cómo valoraríamos la amistad más allá de lo que nos es útil, apreciaríamos más a las personas no por lo que tienen ni visten sino que por lo que son y aportan al mundo.

Los ejemplos de vida en cada carrera, asi como en su preparación metódica y sistemática, proyectables a la vida diaria de una sociedad jóven como la nuestra, podrían con certeza hacer germinar la semilla de la evolución y constituir un entorno de concordia y paz donde apreciáramos las bondades de la diversidad, pudiendo prologar los septiembres del 2010 y así esa ventana de alegría en que nos vimos inmersos al celebrar nuestros primeros 200 años de independencia.

Mientras más gente corre por las calles, mayor confianza tengo en que en Chile está constituyendo una sociedad evolucionada, con mejores personas y en un mejor entorno, donde el progreso es integral, justo, relevante y mejor distribuído, no solo entre las personas sino que también internamente en cada uno de las personas que compartimos esta geografía.