La autoexigencia se distingue en la disciplina que aplicamos a nuestros propios actos, ello con el fin de lograr una meta u objetivo, la fortaleza de éste tiene una relación directamente proporcional al impacto que tenga en el corazón de cada uno, los sueños del alma, del yo verdadero, del mi mismo, aquel tan difícil de encontrar por el ruido ambiente que provoca el poder, el dinero y el ambiente social, todo ello alimenta el ego a través de los miedos, y su crecimiento minimiza toda opción de escuchar al corazón o hablarle al yo verdadero.
El ambiente donde hemos crecido condiciona ciertos comportamientos en la vida cotidiana, la cultura donde estamos inmersos también explica parte de nuestro proceder o estilo de hacer las cosas. Nuestra felicidad, armonía y plenitud está cimentada por lo que viviéramos en las etapas formativas de infancia y juventud.
Los éxitos y logros nunca son fruto del improvisar, en general la suerte suele ser esquiva, es calva y viaja desnuda como la definiera en un camarín el periodista y reportero de siempre don Patricio Amigo. Los logros son definitivamente resultados de un esfuerzo realizado de manera planificada, y ejecutado metodológica y sistemáticamente.
Semanas atrás compartimos una tarde de rutina en casa de una familia de deportistas, corroborando una vez más que un ambiente de sana competencia y la vida familiar articulada en torno a la actividad deportiva de exigencia, da un espacio y un ambiente maravilloso para aprender, enseñar, modelar, probar que todo es posible, que las metas son alcanzables y las recompensas justas y que tienen un sabor especial y distinto. Tuvimos la oportunidad de observar de manera abierta lo que muchos Padres manejamos instintivamente y sin una consciencia evidente y clara, y por lo tanto sin la certeza de estar haciéndolo bien pues no hay métricas inmediatas, solo lo podremos medir en el largo plazo cuando es tarde; Francisco y Carolina, los Padres de familia, tomaron un camino distinto, encantador pero difícil pues implica enormes sacrificios, pero sin duda trae aparejado también grandes satisfacciones y beneficios que van mucho más allá de los triunfos deportivos, medallas o reconocimientos, y que tiene que ver con la sabiduría de ser Padres, de entregarle a sus hijos el vehículo más eficiente para encontrarse a si mismos, para que a través de la disciplina deportiva sepan enfrentar con humildad el triunfo y crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos, enseñarles a soñar, a confiar en sus fuerzas, a enfrentar sus miedos, a entusiasmarse con la vida, a saber parase al frente de la suerte que es calva y escurridiza, a pedir ayuda cuando lo necesiten, a permitir que los consuelen cuando sufren, a tomar sus propias decisiones, a ser amigos de si mismo, a aceptar sus limitaciones y vulnerabilidades sin enojos, a tomar más riesgos, a valorar su intuición, a tratar y exigir ser tratado con respeto por cualquier competidor, a desarrollar relaciones sanas y de apoyo mutuo, a aceptarse así como son, a planear el futuro sin vivir en él, a llenar su copa primero y después la de los demás, a hacer valer sus elecciones, a permitirse sin temor alguno reír a carcajadas con la alegría de sus logros o bien sin razón alguna.
El mensaje que este reportaje nos entrega, independiente de nuestra admiración y aplausos para Francisco nuestro amigo, su mujer y su familia, debe hacernos reflexionar que en nuestra afición deportiva se encuentran encerrados verdaderos tesoros de sabiduría, y que están allí a nuestro alcance, es nuestra responsabilidad saber utilizarlos para amorosamente entregar a nuestros hijos, valores y herramientas de vida en torno a la felicidad, armonía y plenitud.
Yo he vuelto a correr regularmente durante algunas semanas después de muchos años de receso obligado y autoimpuesto, y he vuelto a sentir que se abre una ventana desde donde huelo aire fresco, he vuelto a fijarme metas altas y a sentir que los dolores son solo físicos y menores, quizás este último tratamiento de los treinta y tantos que he experimentado ha sido acertado, pudo ser solo el tiempo o quizás hasta el cambio de gobierno, que importa !!, de cualquier manera, hoy sueño que corro y no despierto triste, las zapatillas y la calle me están esperando.