jueves, 14 de abril de 2011

No quiero estar en el promedio


“No quiero estar en el promedio”, es una definición de principios que marcará mi vida, y es que todo confluye hacia la media, y con ello a la masa, a no destacar, a parecerse, al uniforme y al anonimato. Nuestra psique y las fuerzas en todos los ámbitos de la vida nos llevan al promedio, porque es cómodo, porque no se asumen riesgos, porque “pasa piola” . El síndrome del corcho que flota y sobrevive en medio de cualquier corriente, el pelotón en el ciclismo tiene la virtud de representarlo a cabalidad, pues en su interior vamos rodando a 33 Km/h con muy poco esfuerzo, resulta imposible ir más rápido, pero tampoco puedes desacelerar. Implicará apagar y esconder la individualidad, aceptar asimilarla al resto, renunciar al reto y a la posibilidad de ganar, pero al mismo tiempo se resguarda la eventualidad de perder.
No hay balance sin oposición - lo concibe el clásico Griego Heráclito como una ley reguladora de los opuestos. Brillantemente Jung explica el principio físico de equivalencia energética en la psique, que concluye en conjunto con el principio de constancia, que la energía psiquica solo se transforma y no es capaz de incrementarse o decrementarse. Así solamente el exceso obsesivo compulsivo el que logra sobresalir, lo que implica pecar de extremista, radical y terco.
Así, todo lo que es llevado a extremos paga su precio. Por ejemplo, una organización que concentra gran energía en el orden, sacrifica la dinámica del crecimiento; y el crecimiento llevado a extremos frena el control y las bondades de la estandarización. La innovación requiere de caos, de descubrimiento y por ello es ineficiente, pero la administración que lo quiere controlar todo, construye rutinas contrarias al liderazgo que promueve el cambio en las organizaciones.
En el running somos cada uno individualmente quienes decidimos los riesgos que asumiremos, la maratón emula casi en perfección a la vida, sus resultados son frutos de muchos factores que podemos controlar en su gran mayoría, a pesar de que casi siempre se decidirá por el factor-e de la ecuación, aquel que explica lo que las variables más importantes no explican. Como en toda disciplina deportiva, hoy encontramos estadísticas de rendimiento por cada carrera, perfil de altura del recorrido, viento, temperatura, humedad existente al momento de la carrera; allí expresando en un rango etáreo estarán los tiempos - promedio - así como la ley reguladora de los opuestos, o los principios físicos de la energía y la psique, y como en el pelotón de ciclistas.
Innovar tiene un precio al generar y provenir de un caos, pretender un reto o desafío mayor es romper la inercia, diferenciarse, cambiar el ritmo de carrera y el cardíaco, hay también una recompensa, que si no es en los logros de mejores tiempos a los esperados, es la satisfacción de jugársela toda, de escapar del pelotón, de romper con la conformidad, con la homologación, romper con la tribu que solo nos acepta si nos parecemos a sus miembros.
Somos únicos, pero nos confundimos con nuestros prejuicios culturales, olvidamos que poseemos y venimos dotados de talentos que son virtuosos y siempre pueden rendir más a través del esfuerzo metodológico y sistemático, y que innovar y romper esquemas en tal contexto es un mandato superior. En el running lo podemos vivir en plenitud, y solo depende de nosotros, a pesar de que nuestro aporte se lea al final del día un promedio incrementado, mañana lo podremos romper nuevamente en el ciclo maravilloso de este viaje encantador que nos entrega la vida.