miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cazadores de la Savanna



El corredor tiene características muy peculiares, no responden a una tipología muy rígida ni a personalidades padronizadas, son gente común de diversos orígenes y oficios que se apasionó correr por las calles.
Mi amigo Ramón se despertó un día con la idea de que corríamos desde que estábamos en la cavernas y era necesario cazar y traer el sustento, confieso que esa mañana después de escucharlo corrí todo Vespucio pensando en ver y atacar a algún mamut o similar. Creo que Eluchans no estaba tan equivocado, la conformación más básica y elemental del hombre se estructura en las cavernas, es allí donde se tejió lo que hoy sentimos en el estómago más allá de la razón. Lo que tiene sentido es que han transcurrido 45 mil años en que el ser humano se desplegó en el planeta, nuestras vidas han cambiado dramáticamente desde ese entonces, sin embargo no ha ocurrido lo mismo con nuestra composición genética, de hecho la diferencia en el perfil genético entre un aborigen australiano y un acomodado abogado aristocrático europeo es la misma que la diferencia entre dos chimpancés. Nuestras mentes y nuestros cuerpos son de la edad de las cavernas, han ocurrido adaptaciones del color de la piel por realidades regionales, sin embargo nuestro núcleo mental funciona igual que en esa época.
Al correr llamamos a lo más básico y elemental del gen egoísta que no va a mutar para poder sostener la sobrevivencia del hombre, así lo sentimos en el estómago y más aún corriendo en grupo como lo hacían nuestros ancestros. Y es por eso que resulta transversal en la sociedad, desde el Suplementero a profesionales Presidentes de Bancos bajan a lo elemental y básico, transformándose por unas horas en cazadores de la savanna, desarrollando las mismas habilidades aeróbicas, funcionales y biológicas que el organismo nos demanda desde la más primitiva necesidad de subsistencia y para ocupar un lugar relevante en la organización del clan cavernícola.
Inventamos el juego de correr, y como respuesta en pocos años reparamos que no son cientos sino miles de seres que juegan, pues se encuentran sin saberlo, con su esencia animal, descubriendo que en ese entorno emana una felicidad indescriptible y de raro origen que ni siquiera vale la pena explicarla sino simplemente vivirla. Corriendo en grupo nos damos cuenta de lo que tenemos en común y de diferencia entre nosotros, valorando por factores ajenos al quehacer diario actual, indiferentes a su rango laboral o social, reconociendo liderazgos extraños que se explican más por el rol en el grupo puntual, como si éstos fueran los mismos que nacían de las demandas en el clan de la caverna.
Volver o revivir lo elemental parece ser una terapia efectiva para los males de una sociedad que vive en el stress y confusión propia de desenvolverse y adaptarse a un medio complejo, pues se guarda en la memoria genética la más instintiva forma de actuar del hombre en el mundo del clan cazador de la Savanna.