lunes, 24 de marzo de 2008

CUCUFATI ( era un dicho de mi Padre)


Cucufati me decía mi Padre cuando era muy pequeño y me empecinaba en hacer alguna tontera. C u c u f a t i, reiteraba cuando yo a su vez insistía en hacerla, en un tono invariablemente plano, sostenido en el cariño.
Siempre desde muy pequeño me empeciné en lograr lo que estaba haciendo, que hoy reconozco, eran en su mayor parte, tonteras. Con el tiempo, al igual que los perros cuando maduran, fuí haciendo menos insensateces, lo que si quedó muy vivo en mi, fue esa inercia de insistir, de reiterar, de obstinadamente querer lograr lo que me había empecinado.

La persistencia, tantas veces definida como virtud de Runner, extrapolada a la vida, al ruido y la prisa cotidiana, entrega al individuo un vehículo maravilloso donde embarcar los proyectos más íntimos, aquellos que siempre deben lograrse para crecer espiritualmente. El mundo está lleno de sabios fracasados que no supieron persistir, y tiene a su vez a mucha gente limitada por las circunstancias de la vida, que han sabido tener éxito y logrado concretar sus proyectos, insistiendo.

Si cuando pequeño siempre me gustó buscar hasta lograrlo, más tarde al iniciar mi vida como Runner, percibí que teniendo metodología, siendo sistemático, verificando lo realizado y lo que queda por realizar, era la única forma ordenada de hacer de la persistencia un hábito, una costumbre maravillosa, un regalo, un asiento cómodo para los proyectos que nacen del alma y que nunca pueden no concretarse.

Se positivamente que el lector de estas líneas trajo la misma semilla desde pequeño, o quizás desde antes, por eso corre, por eso disfruta sabiamente con el esfuerzo, es masoquismo solo para quien no tuvo la suerte de descubrir la semilla maravillosa y bendita de la p e r s i s t e n c i a.

Mi Padre ya partió, cumplió su misión en este mundo, lo echo de menos, ayer, comenzando la décima repetición de 400 mts, cuando el viento sonaba como música al rozar mis oídos, algo sopló suavecito y escuché ... c u c u f a t i ... en un tono plano, sostenido ahora en el cariño divino.

Editorial Revista Santiago Runners
Año 2000

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