
Individualistas trabajando en equipo
La navegación es una aventura que cautiva, una costosa estructura de fibra, aluminio y madera, varios juegos de velas, herrajes, cables y cabos para pedirle al viento que nos lleve con su generosidad caprichosa al rumbo que fijamos como objetivo llegar. Mareas y oleaje pueden dificultar el camino, pero jamás son obstáculos para conseguirlo.
Esta pasión cautiva al hombre desde siempre, es hoy una afición sofisticada, la tecnología se ha incorporado activamente, sin embargo aquellos elementos que constituyen lo básico desde su origen son los mismos, permanecen inalterables y son los que determinan al final de la jornada, un mejor o peor resultado.
Condenados a un irremediable quinto o sexto lugar en las competencias, recalando de vuelta en la marina, el Capitán del Yali expresa en un tono de voz y como si me hablara solo a mi, siendo el único integrante de la tripulación que debo poder entender, ...Runner... dice, no hay secretos en la competencia, son los mismos factores, la velocidad de casco del Yali nos condena, nunca bajaremos las “3 horas” por estructura. Es Ramón que abre sus ojos moviendo levemente la cabeza de arriba abajo asintiendo con una conformidad plácida que el resto de la tripulación interpreta como la extraña sabiduría de quienes corremos maratones desde comienzos de los 90.
De la misma manera que el Runner talentoso quien supera sus límites se convierte en virtuoso, el trabajo en equipo de una tripulación cohesionada, entusiasta y esforzada llevará a la embarcación más allá de los propios talentos naturales que su diseñador le obtuvo y regaló. El viento es igual para todos, pero la sabiduría y madurez del marino que navega desde niño y lo lleva en sus venas podrá detectar donde sopla más cuando está escaso o interpretar su enigmático capricho, en navegaciones largas como nuestras maratones, la cantidad de factores y el momento aplanan cualquier gran diferencia puntual, sin embargo la suma de instantes van haciendo la diferencia.
Decidir si izar una vela u otra entre las 4 o 5 alternativas de éstas, será también otro factor determinante de diferencia, virar ahora o más allá enfrentando el viento en diagonal, lograr una combinación de tamaño de vela, viraje oportuno y cambios acertados permiten lograr una modalidad de mejoramiento de velocidad en relación al punto de llegada.
La regata es tan dura como nuestras maratones, en la llegada la reflexión interna es la misma, no corro nunca más, me digo, el frío, ropas enteramente mojadas, mareado, golpeado y moreteado en canillas, antebrazos y codos en los cambios de borda y maniobras sobre la resbaladiza cubierta. Al día siguiente ya estamos nuevamente abordo listos para enfrentar otro nuevo desafío, sabemos que correremos al límite del umbral.
Es el espíritu del runner, el verdadero ser que emana para vencer cualquier adversidad, en la pista, en el mar, en la vida. Buscamos lograr una buena llegada, disfrutando el camino intensamente, tomando conciencia de nuestra velocidad de casco y nuestros talentos, de poder ser virtuosos a través del esfuerzo humilde, metódico y sistemático. Renunciando a la individualidad solitaria para constituirnos en un equipo que funcione como uno, apreciando la naturaleza y el lugar donde corremos, la montaña, el mar y el viento que es nuestro amigo. Haber corrido por solo el afán de hacerlo nos ha dado acceso a esa sabiduría que la joven tripulación del Yali interpreta como divertida y extraña, pero que ya han adoptado.
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