viernes, 21 de marzo de 2008

Maratón de Santiago


Confirmación de un género

“Patricio, encárguese de organizar actividades que motiven a nuestro personal”, ordenaba un ingeniero alemán que comisionado por la casa matriz de su empresa, debía cerrar la filial en Chile, y que por el emotivo impacto de dejar cesantes a más de 100 empleados, estar casado con Chilena, había solicitado a la presidencia de la multinacional, un período de gracia de seis meses para hacer un último esfuerzo antes de cerrar definitivamente.
Patricio, periodista de larga trayectoria y gran experiencia profesional, cumplió e hizo un gran trabajo, haciendo antesala antes de entrar a la oficina del Ingeniero, encontró una revista en cuya portada un corredor atravesaba la meta de una maratón. Cuando se sentó frente a su interlocutor, tiró a la basura la carpeta con las actividades programadas y entregó a su jefe la revista que había encontrado en la antesala.
Así nace la maratón Höesch en Chile, en los años ochenta todos los empleados y sus familias organizaban la prueba en Santiago, tres familias en cada puesto de abastecimiento, otras tantas en esquinas críticas en tráfico, y otras controlando tiempos. Fue un aliciente motivador y que definitivamente hizo de este grupo una gran familia con enorme compromiso con esta prestigiada Química. La maratón de Santiago que a fines de la década de los setenta no contaba con más de 60 participantes, La familia Höesch llegó a convocar a más de 1.000 corredores y no cerró sus puertas en Chile.
Son las iniciativas de personas emprendedoras las que han fortalecido esta hermosa actividad logrando integrar grupos de deportistas a un evento que hoy reúne localmente a miles de personas y sus familias. ¿qué los mueve? Rodrigo Salas fundador del Club Olimpo le da en la década del noventa un nuevo impulso a la Maratón de Santiago, todos quienes corremos reconocemos su enorme esfuerzo personal durante años en organizar la Maratón, en aceptar estoicamente frustraciones por los esquivos auspicios, en ponerse de pié ante los embates económicos de pérdidas y desencantos, solo su alma de corredor le permitió ver y sentir la satisfacción de cumplir.

Recién se asomaba el otoño de este año y ya se corrió la Maratón de Santiago, tres semanas antes de lo acostumbrado, esta vez organizada por una firma comercial que multiplica los participantes que corren superando los 6.000 corredores, un éxito que además incorpora un factor nuevo, la farándula local, irrelevante para los amantes del trote pero poderoso en términos de difusión y convocatoria a futuro.

Días atrás discutíamos con un grupo de corredores el género de la prueba, ¿El Maratón o La Maratón?, hubo opiniones diversas, algunos decían que no tenía la mayor relevancia y que todos éramos libres de llamarla como quisiéramos, y que la libertad no tiene género. Otros buenos argumentos, que me sorprendieron, aseveraban que por su belleza y dramatismo, por la manera que puede castigarnos si no la respetamos, por cómo nos obliga a ser humildes y su similitud con el drama de la vida, era mujer. Hoy yo no dudo y tengo la firme convicción de su naturaleza femenina, más allá de su atractivo, y de la energía que genera en el entorno, siempre ha estado allí, acogiendo proyectos que alimentan el alma, constituye los sueños de quienes la organizar, y desde luego, de quienes la corren. Veleidosa pero muy generosa, su esplendor es manifiesto, entregando como toda mujer, frutos y retribuciones al ser íntimo que no se compran, sino que se ganan. La Maratón.

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