sábado, 8 de junio de 2013

Maratón de Boston 2013 presente en un trote.

Después del atentado en la Maratón de Boston 2013, ninguno de nosotros estuvo al margen de la pregunta que revolotea en la mente veleidosa y auto-comandada mientras corríamos en la rutina diaria. ¿qué puede motivar un atentado donde mueren personas que miran el paso de los corredores de una maratón? Difícilmente podemos responder a una lógica a todas luces, irracional de crueldad extrema, cegada por una maldad autocomplaciente, solamente una mente enferma puede concebir truncar vidas en un espacio sano de felicidad, pensamos. Y seguimos corriendo mientras la mente persiste en buscar y racionalizar. A rigor nadie está demás en el planeta, escuché un día, hasta los seres más detestables tienen y entregan un sentido a la vida. La maratón atrae y cautiva, atrae multitudes que corren o acompañan a quienes lo hacen, captan la atención de los medios de comunicación pues se ha constituido con los años en un evento masivo que respira desafío, vida sana, el cultivar talentos dormidos, autoconocimiento, disciplina, metodología y sistematización en nuestra vida diaria, una tendencia de los nuevos tiempos. Atrae lo bueno, y por ende también atrae lo malo. Irremediablemente la sombra contiene todo aquello que el ser humano consideró malo; luego la sombra tiene que ser mala. Así pues, parece no sólo justificado sino, incluso, ética y moralmente necesario combatir y desterrar la sombra dondequiera que se manifieste. También aquí la Humanidad se deja fascinar de tal modo por la lógica aparente que no advierte que su plan fracasa, que la eliminación del mal no funciona. Por lo tanto, vale la pena examinar el tema desde ángulos distintos y fuera de nuestros códigos culturales tradicionales. Walking-break para que aflore la ley de la polaridad, concluyendo que Bien y Mal son dos aspectos de una misma unidad y, por lo tanto, interdependientes para la existencia. Conciliar el antagonismo del bien y del mal resulta difícil, sin embargo el mal suele ser el trono del bien, unificándose en una verdadera unidad. Retomo el trote inmerso en los hechos de Boston, absorto en pensar que el ser humano se encuentra en una conciencia polar, polaridad que obliga al ser humano a caminar entre elementos opuestos, hasta que lo integra y asume todo. El camino a través de la polaridad, no obstante, acarrea consigo la culpa, a la que llamamos Pecado y que en el transcurso de los siglos, se ha deformado como concepto y ha inculcado en el ser humano la idea de que pecar es obrar el mal y que obrando el bien se lo evita. Ya en el kilómetro cinco mi confusión es extrema, pero este mensaje lo encontramos claro y sin falsear en la tragedia griega, cuyo tema central es que el ser humano constantemente debe optar entre dos posibilidades, sí, pero, decida lo que decida, siempre falla. Esta aberración teológica del pecado fue fatídica para la Historia del cristianismo. El constante afán de los fieles de no pecar y de huir del mal condujo la represión de algunos sectores, calificados de malos y, por consiguiente, a la creación de una «sombra» muy fuerte. El polo que no es asumido siempre acaba por manifestarse, y suele pillar desprevenidas a las almas nobles. Es como para detenerse y buscar agua, más allá de correr lo que se deshidrata es la razón, cómo romper los esquemas culturales y aceptar que en uno vive la maldad así tan evidente como la bondad, y que debo aceptarlo. El corredor que se forma recién después de cuatro años, durante sus primeros años vive en la misma disyuntiva, el tiempo, el entrenamiento dedicado e intenso, su programa para cada maratón, nos enseñó a conocer nuestro cuerpo, nuestros umbrales y capacidades que desconocíamos, llevando el talento a virtud. Solo el conocimiento de nosotros mismos, nos permitirá romper estructuras y rigideces culturales, para entender simples explicaciones de nuestros rendimientos, y hasta complejos procesos que nos permitan conocer y aceptar el mal y las sombras del ser humano. Y aunque suene siútico, detrás de ello está el amor como concepto, pues ni los mandamientos ni las leyes ni la moral conducen al ser humano al objetivo de perfección, la obediencia es buena pero no basta. El único instrumento de unificación de los opuestos de nuestra polaridad se llama amor, éste busca la unidad, la inclusión, sin limitaciones ni condiciones, no tiene fronteras ni conoce obstáculos y concluimos que es el ingrediente que transforma. Correr solo por el amor a hacerlo, no es sino una clara muestra que la vida nos regala el running para comprender lo culturalmente incomprensible, para transformar y entrar en el camino de la perfección, quizás sin saberlo desde antes, pero que emana al vivenciarlo. Que buen trote !!

No hay comentarios:

Publicar un comentario