En las primeras incursiones preparándonos para una marathon, a fines de los años ochenta, comienzos de los noventa, comencé a reparar en esa figura delgada y atlética que se vestía al frente de mi casillero en un club de Vitacura, un par de zapatillas, una polera delgada y cómoda y a “Callejear” corriendo. Era un personaje extraño en el ámbito de un club donde se monta a caballo y se juega Polo.
Un atleta de antaño que quedó preso en la pasión de su deporte, su sonrisa afloraba al comenzar a correr, siempre leí libertad en su rostro, acompañado de la mirada franca y transparente del hombre maduro que nada esconde. Su sencillez estaba reflejada en sus gestos, actitudes y hasta en cómo vestía, lo constatábamos al conversar con él, jamás le escuché ni siquiera hablar de los enormes logros atléticos como atleta Senior a nivel mundial, Héctor Paul solo corría para llenar su espíritu, del aire puro, del verde de la primavera, de la brisa suave que suena como música en los oídos en el silencio que solo los runners podemos escuchar al correr.
“Conocí a tu Padre” me comentó varias veces, eran de la misma especie rara a la cual yo también quiero pertenecer, “me gustaba su estilo tan propio y auténtico” señalaba reiteradamente, transmitiéndome así la importancia de abandonar el ego, en el deporte y en la vida. Así lo fui observando a lo largo de todos estos años en que corrimos en las calles y en el club, así lo fui admirando, por su autenticidad, por su sencillez, y sin duda por sus condiciones de atleta, siempre me ganó y nunca pude llegar antes que Don Héctor en una corrida 10K a pesar de los largos años de diferencia que le separaban de mi generación.
Es una pena que nos dejara, esta familia del Santiago Runners que se ha conformado a lo largo de 10 años, lo ha sentido muy profundamente. Con el tiempo y el oficio de correr de un “runner” sabemos apreciar desde lejos a un buen corredor, muchos de nosotros podemos adicionalmente con poco margen de error distinguir a un atleta consumado con solo mirar su estilo. Es como hemos dicho, un entorno donde el afecto y cariño es más fácil compartirlo, ya que se hace corriendo; caen las barreras absurdas que se levantan en la formalidad social, se conforma el espíritu runner del que tanto hemos hablado, que nos cautiva y del que nos enorgullecemos, donde se compatibilizan y conviven en perfecta armonía conceptos antagónicos como la competitividad y solidaridad deportiva, donde el ser humano se desprende por algunas horas de su ego para encontrar el verdadero yo que vive en nuestro interior. Así hemos apreciado a Héctor Paul, quien permanentemente vivió en el espíritu runner, llevándolo además consistentemente a su diario vivir, por ello se le recuerda por su austeridad, propia de quien solo pretende vivir en su estilo auténtico y sencillo. Sentimos que el mundo deportivo al que pertenecemos, ha perdido a un ejemplo de atleta, a un viejo runner y a un amigo.
El momento previo a la largada de una carrera es muy especial, nerviosismo, concentración, los corredores miramos a nuestro alrededor, buscamos algo que no sé definir exactamente que es, la verdad es que buscamos nada, sin embargo encontramos miradas y sonrisas que dicen tanto sin hablar. El pasado domingo en la partida de la carrera de Telefónica, recordé y vi a Hector Paul quien con su mirada me dijo sin hablar “corre chiquillo en tu estilo y a tu propio ritmo, disfruta la corrida”, sabio mensaje de quien tantas veces partió con nosotros en el mismo grupo. Le ví alejarse con su sonrisa hermosa, gozando intensamente de la carrera y respirando ese aire puro de libertad, esta vez, iba de la mano del Señor.
Disfruté la corrida de comienzo a fin.
El viejo Héctor Paul llegó antes que todos nosotros una vez más.
Editorial Revista Santiago Runners
Noviembre 2.000
Un atleta de antaño que quedó preso en la pasión de su deporte, su sonrisa afloraba al comenzar a correr, siempre leí libertad en su rostro, acompañado de la mirada franca y transparente del hombre maduro que nada esconde. Su sencillez estaba reflejada en sus gestos, actitudes y hasta en cómo vestía, lo constatábamos al conversar con él, jamás le escuché ni siquiera hablar de los enormes logros atléticos como atleta Senior a nivel mundial, Héctor Paul solo corría para llenar su espíritu, del aire puro, del verde de la primavera, de la brisa suave que suena como música en los oídos en el silencio que solo los runners podemos escuchar al correr.
“Conocí a tu Padre” me comentó varias veces, eran de la misma especie rara a la cual yo también quiero pertenecer, “me gustaba su estilo tan propio y auténtico” señalaba reiteradamente, transmitiéndome así la importancia de abandonar el ego, en el deporte y en la vida. Así lo fui observando a lo largo de todos estos años en que corrimos en las calles y en el club, así lo fui admirando, por su autenticidad, por su sencillez, y sin duda por sus condiciones de atleta, siempre me ganó y nunca pude llegar antes que Don Héctor en una corrida 10K a pesar de los largos años de diferencia que le separaban de mi generación.
Es una pena que nos dejara, esta familia del Santiago Runners que se ha conformado a lo largo de 10 años, lo ha sentido muy profundamente. Con el tiempo y el oficio de correr de un “runner” sabemos apreciar desde lejos a un buen corredor, muchos de nosotros podemos adicionalmente con poco margen de error distinguir a un atleta consumado con solo mirar su estilo. Es como hemos dicho, un entorno donde el afecto y cariño es más fácil compartirlo, ya que se hace corriendo; caen las barreras absurdas que se levantan en la formalidad social, se conforma el espíritu runner del que tanto hemos hablado, que nos cautiva y del que nos enorgullecemos, donde se compatibilizan y conviven en perfecta armonía conceptos antagónicos como la competitividad y solidaridad deportiva, donde el ser humano se desprende por algunas horas de su ego para encontrar el verdadero yo que vive en nuestro interior. Así hemos apreciado a Héctor Paul, quien permanentemente vivió en el espíritu runner, llevándolo además consistentemente a su diario vivir, por ello se le recuerda por su austeridad, propia de quien solo pretende vivir en su estilo auténtico y sencillo. Sentimos que el mundo deportivo al que pertenecemos, ha perdido a un ejemplo de atleta, a un viejo runner y a un amigo.
El momento previo a la largada de una carrera es muy especial, nerviosismo, concentración, los corredores miramos a nuestro alrededor, buscamos algo que no sé definir exactamente que es, la verdad es que buscamos nada, sin embargo encontramos miradas y sonrisas que dicen tanto sin hablar. El pasado domingo en la partida de la carrera de Telefónica, recordé y vi a Hector Paul quien con su mirada me dijo sin hablar “corre chiquillo en tu estilo y a tu propio ritmo, disfruta la corrida”, sabio mensaje de quien tantas veces partió con nosotros en el mismo grupo. Le ví alejarse con su sonrisa hermosa, gozando intensamente de la carrera y respirando ese aire puro de libertad, esta vez, iba de la mano del Señor.
Disfruté la corrida de comienzo a fin.
El viejo Héctor Paul llegó antes que todos nosotros una vez más.
Editorial Revista Santiago Runners
Noviembre 2.000

Papá
ResponderEliminarPapá
ResponderEliminarPapá no sabes como te echamos de menos y la gran enseñanza de vida que nos dejaste !!!!
ResponderEliminarEstoy segura que está al lado del Señor.
Conocí a Héctor en la pista del Estadio Nacional al igual que muchos. Mientras esperaba el turno de mi serie de 400 u 800 metros. El estaba en la pista para largar con los demás Máster. Siempre me llamó la atención su peculiar forma de bracear. Hace unos años conocí a su hermano Francisco en el Cerro Manquehue. Este año 2013 decidí volver a competir, y mis dos principales metas son batir los record de 400 y 800 mts dejó Héctor Paul, vigentes desde hace ya 31 años. Cuando me encontré en marzo con Francisco y le conté me dijo “Pucha que eres valiente”. Al compartir mi desafío con otras personas, me he dado cuenta que muchos le conocieron, algunos amigos de Héctor y otros de sus hijos.
ResponderEliminarEste será mi homenaje para Héctor Paul Errazuriz.
Siento gran emoción a al escribir estas líneas.
Saludos,
Gustavo Roncatti